La noche europea en el Estadio da Luz prometía tensión, y terminó confirmándolo. El Real Madrid CF dio un paso de autoridad en su visita al Sport Lisboa e Benfica con una victoria mínima (0-1) que vale oro en una eliminatoria que se jugó con el pulso acelerado de principio a fin. El nombre propio fue, una vez más, Vinícius Júnior, decisivo en el marcador y en el clima emocional del encuentro.
El arranque fue espeso, de esos en los que ambos equipos se miden más de lo que se atacan. El Benfica intentó imponer ritmo con balón, empujado por su gente, mientras el Madrid aguardaba su momento, cómodo en el intercambio de golpes cortos. No hubo grandes ocasiones en el primer tramo, pero sí una sensación creciente de que cualquier detalle inclinaría la balanza.
Ese detalle llegó nada más volver del descanso. Vinícius recibió abierto a la izquierda, amagó hacia fuera, recortó hacia dentro y soltó un disparo seco que se coló lejos del alcance del portero. Un gol de los que silencian estadios durante un segundo antes de que estalle el murmullo. El brasileño volvió a demostrar que vive para estas noches: vertical, desafiante y clínico cuando el partido lo exige.
El tanto agitó el encuentro. El Benfica adelantó líneas y empezó a cargar el área con centros y segundas jugadas, pero se topó con un Madrid serio atrás, concentrado en no conceder espacios. El choque se volvió más bronco, con interrupciones, protestas y un ambiente que obligó al árbitro a marcar territorio. En uno de esos momentos de tensión, el banquillo local —liderado por José Mourinho se encendió reclamando decisiones que no llegaron.
Con el paso de los minutos, el guion fue claro: empuje portugués contra resistencia blanca. El Madrid supo enfriar el ritmo cuando convenía y acelerar en transiciones que pudieron sentenciar la noche. No lo hizo, pero tampoco sufrió en exceso. El pitido final confirmó un triunfo trabajado, más de carácter que de brillo, pero igualmente valioso.
La eliminatoria viajará ahora al Estadio Santiago Bernabéu con ventaja madrileña y la sensación de que esto está lejos de decidirse. Lisboa fue testigo de un primer asalto intenso, marcado por el talento de Vinícius y la madurez competitiva de un equipo que sabe jugar y ganar cuando la Champions aprieta.

